SÉPTIMA PALABRA: EN TUS MANOS PONGO MI ESPÍRITU (Lc 23, 46)

"Padre, una vez que he acabado mi trabajo en este mundo, llega la hora de entregarte el espíritu que me diste para la misión".

Dios recogerá la vida de este Hijo que le ha glorificado, y cuando llegue Pentecostés, volverá a entregárnoslo a través de la Iglesia. Desde entonces el Espíritu del Señor está con nosotros.

La Pasión nos permite extraer conclusiones: Cristo es crucificado, muerto, sepultado y vivo por la Resurrección. El mensaje que nos deja, y que a toda costa quería hacer entender a los de su época, es que los mandamientos no deben ser un obstáculo y corsé que nos oprima. (Hay que recordar que los sacerdotes y fariseos cargaban de leyes y preceptos a los judíos)

Para ello, nada mejor que emplear nuestra libertad para seguir ese camino con paso firme y seguro, en la ruta hacia el Reino.

Acabado el sermón, las gentes comienzan a regresar a sus casas, mientras, los cofrades junto a las tallas se retiran a su Iglesia. Deben descansar, para asistir al Santo Entierro, procesión que se celebrará al atardecer.

Las imágenes que acompañarán esta procesión, tienen un valor artístico incalculable, al que hay que añadir el valor espiritual de todo un pueblo.