En menos de dos meses, espero tener listo el libro ¿QUÉ NOS DICE LA BIBLIA?, que publicaré a través de una plataforma digital. Reúne dos de mis trabajos más importantes como estudiante de teología. Su contenido versa sobre EL MAL EN LA SOCIEDAD y MUJERES EN LA BIBLIA.
Hoy quiero ofreceros este fragmento, que forma parte del mismo y cuya autoría desconozco. Lo leí no hace mucho y me impactó profundamente.
En la ciudad de Boston una joven y hermosa señorita, se encontraba en el hospital, postrada en el lecho, debido a una penosa enfermedad.
Su hermano que era sacerdote, le hacía compañía en esos momentos; la joven con lágrimas en los ojos, le pidió que la confesase, ya que creía se acercaba el fatal desenlace.
El hermano asintió y se prestó a escuchar en esos momentos las culpas de las que su hermana se acusaría. Con la voz queda, por la gravedad del momento, ésta fue relatando al sacerdote, los hechos en los que creía no había sido fiel a sus creencias y convicciones, para más tarde solicitar el perdón por todo ello.
Pero lo que más entristeció a su hermano, fue la convicción de la mujer. Estaba dominada por la sensación de que al marchar lo haría con las manos vacías; que ante el juicio final ,al que poco después acudiría, no podía aportar algo que llenase su balanza del bien.
Como sacerdote, su hermano la dio la absolución, y acercándose a su oído le dijo con toda la dulzura disponible en esos momentos:
Alba, Jesús vino a este mundo a sacrificarse por todos nosotros, y por ti también. Tus pecados fueron perdonados en la Pasión y Muerte que sufrió, y ahora en este momento, te ofrece la Resurrección como a todos nosotros.
Por el pasado ya no puedes hacer nada, sin embargo, ahora está en tus manos el aceptar su propuesta y con ella llegar a ver su rostro divino.
Pocas horas más tarde Alba fallecía, y su hermano pudo ver en su rostro retratada la respuesta de su hermana, una sonrisa de felicidad bordeaba sus labios.
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